Auditorías energéticas

El primer paso para gestionar bien la explotación de un edificio es tener todos los datos a nuestro alcance. Debemos saber de un modo preciso cómo funciona, por qué lo hace así y si ese es el modo más adecuado. Unas herramientas tremendamente útiles que podemos utilizar son las auditorías energéticas y de mantenimiento. En esta entrada analizaremos qué es una auditoría energética y cuál es su utilidad.

El objetivo de una auditoría energética es saber dónde y cuándo se consume cada kWh de energía que pagamos en las facturas de suministros energéticos. A partir de ahí ya podemos decidir dónde atacar para reducir ese consumo.

Una auditoría es un proceso complejo que termina en el informe final de auditoría. Para llegar allí empezaremos por utilizar las herramientas adecuadas. Una de las más importantes es el analizador de redes, que nos permite registrar la potencia consumida en cada momento. Debemos elegir durante cuánto tiempo tomaremos esos datos y cada cuánto tiempo hará la lectura el analizador.  Lo más apropiado sería tener datos de varias semanas durante diferentes épocas. Esto es debido a que uno de los consumos energéticos principales es el de climatización, lo que me lleva a decir que una auditoría energética debería realizarse durante un tiempo no inferior a un año.

Analizador de redes Fluke

 

Debemos familiarizarnos con equipos tan importantes como son los analizadores de redes, las cámaras termográficas o luxómetros y  anemómetros. Testo, Fluke, Cirtutor, Amprobe son marcas que no debemos perder de vista. En próximas entradas iremos analizando cada uno de estos equipos y su importancia.

Una vez desglosados los consumos la Auditoría debe plantear cómo reducirlos, objetivo que se puede lograr a través de multitud de actuaciones complementarias.

Las medidas de mejora deben partir en primer lugar del análisis del funcionamiento del edificio que estamos auditando. Debemos saber si las instalaciones están bien o mal utilizadas. Una parte importantísima de los sobreconsumos reside en descuidos o malas praxis en el uso de las instalaciones: luces encendidas sin sentido, niveles de iluminación excesivos, filtros sin limpiar adecuadamente, luminarias y lámparas sin limpiar, encendido de los sistemas demasiado pronto, puertas y ventanas abiertas mientras el sistema está en funcionamiento, …

Una vez hemos resuelto esta parte del problema incidiremos en dos tipos de medidas correctoras: las activas y las pasivas.

Las medidas correctoras pasivas son todas aquellas que tienen que ver con la envolvente: sustitución de ventanas y carpinterías por otras con mayor aislamiento, instalación de aislamiento térmico donde proceda, instalación de toldos, persianas y parasoles, …

Las medidas correctoras activas son aquellas que tienen que ver son los sistemas, como son la sustitución de equipos por otros más eficientes, la instalación de recuperadores de calor, instalación de paneles solares térmicos y fotovoltaicos…

Los ahorros obtenidos después de la aplicación de las medidas de mejora son muy importantes y se traducen en unos menores costes energéticos y en el alargamiento de la vida útil de los equipos y sistemas.

Un buen informe de auditoría energética aporta medidas con un rápido retorno de la inversión y con grandes beneficios para el usuario del edificio y para el medio ambiente. También debe tener en cuenta criterios de obsolescencia técnica, como son No podemos olvidar que la técnica edificatoria está relacionada paso a paso con la viabilidad económica.

El Real Decreto 56/2016 establece en España la obligatoriedad de hacer una auditoría cuatrienal a aquellas empresas que ocupen al menos a 250 trabajadores o las que tengan un volumen de negocio que pase de los 50 millones de euros y, a la par, un cómputo general que sobrepase los 43 millones de euros.